Aunque no lo parezca mucho, Calvin Broadus - mejor conocido como Snoop Dogg - es un ser musical polifacético. Que no los engañe su carisma relajiento o su predilección por ciertas sustancias psicotrópicas o el añadir el sufijo -izzle a las palabras; Snoop es ciertamente un perfeccionista y busca sacar buenos discos cada que se mete al estudio... o al menos eso intenta. También nos referimos a su versatilidad por su disco de funk junto con Dam-Funk y su breve incursión al reggae bajo el alias de Snoop Lion con Reincarnated, y no lo hizo nada mal. Para su decimotercer álbum, prefirió optar por el estilo del primero, con ayuda de su cuate Pharrell Williams.

BUSH, como ya es característico de la obra del californiano, emana erotismo, desenfado y ganas de enfiestar. El primer track, "California Roll" se vale de la armónica de Stevie Wonder para hacerle una especie de carta de amor a, ejem, los "rollos" que comparten los angelinos. La brisa fresca de la playa y el vaivén de las palmeras parecen casi palpables al escuchar canciones como "R U A Freak" (que parece sacada de Prince), "Awake", "Peaches N Cream" y "I'm Ya Dogg". Es un disco idóneo para el verano o para bajar las ventanas en caso de calor extremo.

Snoop le baja a sus rimas, indirectas y flow hip-hopero para dar más lugar a hacer coros, armonías y, más que nada, dejar que Pharrell haga su magia. Snoop ya ha cantado antes; recordemos "Sexual Eruption", un himno a la seducción ochentera, pero en esta ocasión se dedicó a hacer algo completamente distinto a lo que nos tenía acostumbrados. A veces funciona, a veces no, ya que se puede tornar repetitivo o alejar a los fans hardcore. Sea como sea, es un buen pretexto para armar una buena parrillada o como soundtrack para ese fin de semana en Playa del Carmen.