Ya casi llegamos a la mitad del año y han habido bastantes propuestas interesantes en el pop. Tenemos a Taylor Swift todavía cosechando frutos del éxito después de su increíble 1989, a Ellie Goulding sonorizando citas románticas, a One Direction desintegrándose y a Mumford and Sons convirtiéndose en Coldplay. ¿Qué mejor que regresar a aquellos días donde el R&B y el soul dominaban las listas y todo se trataba de baile, melodías y flow? Afortunadamente, el joven Shamir sigue siendo creyente de la música popular hecha a la antigua: voz andrógina, beats bailables y tonadas agradables y pegajosas... pero él va mucho más allá.

Desde el primer track, "Vegas", deja de manifiesto una armoniosa unión entre producción actual e instrumentación vintage: sintetizadores, cajas de ritmos y letras evocativas - en este caso, a su tierra natal. Posteriormente llegan "Make a Scene" , "Hot Mess" y "Call It Off", tracks que te paran de tu asiento y te incitan a empezar la fiesta. El cantautor de 20 años no se anda con rodeos a la hora de hacer música disfrutable y se mete de lleno a la parte de arte, llenando cada canción de minuciosos arreglos, coros perfectamente establecidos y duraciones compactas, para que no se sienta como de esos maratones sin interrupción que luego ponen algunas estaciones de radio.

El estilo es variado: a ratos tiene los ritmos deseosos de Hot Chip, el funk de Prince, la irreverencia de Scissor Sisters y el minimalismo retro de Disclosure - todos aderezados con una voz que mezcla a Michael Jackson, Sam Smith y a The Weeknd. Quizás ésta sea la verdadera quintaesencia del pop: directo, honesto y respetando/homenajeando a tus influencias. Sólo el tiempo dirá qué tan lejos llegará este innovador y jovensísimo artista, pero esperemos que esté por aquí por mucho tiempo. Por lo pronto, tenemos su primer disco, probablemente de los mejores que saldrán este 2015. 

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