Ojos Grandes cuenta la verdadera y escandalosa historia de uno de los fraudes de arte más épicos de la historia. A finales de 1950 y comienzos de 1960, el pintor Walter Keane alcanzó un éxito rotundo que además fue aplaudido por artistas contemporáneos como Andy Warhol, revolucionando la comercialización del arte popular con sus enigmáticas pinturas de niños abandonados de ojos desproporcionadamente grandes. Pero todo siempre fue un engaño: las obras de Walter en realidad no fueron creadas por él sino por su esposa Margaret.

Con una premisa así de emocionante, las actuaciones tendrían que ser igualmente complejas: y así lo son. Amy Adams regala una interpretación sobresaliente que tiene como motor la transformación: Margaret (a quien da vida Adams) solía ser una mujer sumisa que finalmente decide abandonar a su esposo y huir a un North Beach, en San Francisco, convencida de dedicarse a pintar para sobrevivir (más que como un sueño, como único recurso para sostener su hogar y a su hija). Con sus pinceles y óleos en una maleta, la ingenuidad y falta de seguridad la hacen caer en los encantos de Walter Keane, un encantador hombre que la convence de vender sus cuadros a nombre de él.

La actuación de Waltz no es precisamente un hallazgo, simplemente porque ya sabíamos que el actor austriaco de Django (2012) no defrauda y siempre es una experiencia positiva verlo agregar drama a la historia. Al comienzo su personaje es el de un simpático y hasta cautivador hombre que afirma que ha viajado por el mundo y estudiado en las academias más destacadas de arte de París. Su aparente calidad de bon vivant termina por engañar a cualquiera, principalmente a Margaret, quien accede a su maquiavélico plan de renunciar a la autoría de sus pinturas para que él, un buen hombre de negocios, consiga ganar millones con el talento de su ahora esposa.

La vida de Margaret Keane fue un infierno, condenada a pintar sin decir una palabra de ello, encerrada y confinada a un estudio en el que solamente tenía sus pinturas para hacerla feliz. En este infierno, Burton encontró inspiración y, siendo uno de los más fervientes seguidores de la pintora (allá por 1996 el cineasta y su entonces novia Lisa Marie viajaron hasta California para pedirle un cuadro a la pintora) y decidió llevar la historia de Margaret a la pantalla grande. Y, como ya es costumbre en el estilo del director, en Ojos Grandes lo hizo echando mano de un contraste entre oscuridad y colores pastel, tal como la emotiva historia de Margaret, quien en su infinito sufrimiento pudo darle al mundo hermosos rostros de niños que muestran su alma a través de la mirada (y sus grandes ojos).

Stuff says... 

Ojos Grandes reseña

Ojos Grandes cuenta una fascinante historia de manera igualmente fascinante (con tonos hermosos en la pantalla) y te lleva de la época Beat en San Francisco en todo su esplendor, hasta los tropicales escenarios de Hawái. Inspiración pura.
Good Stuff 
La cinta tiene muy buen ritmo
Podrás conocer a detalle la obra de Margaret Keane
Tiene un relevante mensaje atemporal sobre la sociedad
Bad Stuff 
No es particularmente diferente a lo que Burton ha hecho antes