Muse quizás no es considerada por gran parte del sector musical como una de las mejores bandas de rock - más bien, el apelativo correcto sería "una de las bandas más grandes". Se comprende: sus conciertos son legendarios y explosivos; sus canciones truenan bocinas y mueven cabezas al unísono más duro que un tsunami; logran ese balance auditivo donde los escuchas de corazón aspero y los de sensibilidades pop pueden cantar y coexistir en paz perfecta. En sus últimos discos han tratado de explorar una parte más progresiva/experimental con resultados muy disparejos. Matt Bellamy y compañía se han dado cuenta - sus seguidores siguen prefiriendo los clásicos y temas más directos y con menos debraye. Quizás por esta razón decidieron regresar a sus orígenes con su séptimo disco de estudio, pero a veces es bueno no mirar para atrás.

Bajo la producción del legendario Robert John "Mutt" Lange (a pesar de ser exesposo y colaborador de Shania Twain, el señor se defiende bastante musicalmente), Muse sale bien librado en términos de musicalización, arreglos y rockeo. Las vocales de Bellamy nunca han sonado más operáticas, la bataca de Dominic Howard suena demoledora y el bajo de Chris Wolstenholme armoniza de maravilla. Sin embargo, algo no cuaja bien... Nos da la impresión de que le imprimieron más esfuerzo a la forma que al fondo y ni siquiera es suficiente. Creo que el título no tiene tanto que ver con cómo estamos controlados por la tecnología sino de que simplemente lo hicieron en piloto automático y por encargo.

Sí, hay canciones que llaman la atención como "Dead Inside", "[JFK]", "Psycho" y "Mercy", pero no dejan de ser percibidas como ecos pobres de su material anterior - no me las imagino como peticiones repetidas en sus recitales o siendo reproducidas periódicamente en los MP3 de muchos de sus acólitos. Los que realmente disfruten su música no saldrán decepcionados, pero no se vayan con la finta de encontrar una nueva "Time is Running Out", una mejor "Uprising" o algo al nivel de "Starlight" o "Hysteria". Si luego hay casos en los LPs completos de tres canciones buenas y siete de relleno, parece que van a dejar las demás para después porque así se siente al escucharse: música de relleno. Sonaban más interesantes cuando tenían paisajes de piano clásico o hacían minióperas. Vamos, al estar redactando esta crítica no se me puede venir a la mente ninguna de las canciones, y eso después de tres reproducciones completas del álbum. Eso no es nada bueno.