Quizás muchos de ustedes ubiquen a The xx. Aquel grupo de indie pop que suena a grabaciones de medianoche en una bodega amplia y tenebrosa, donde una mujer y un hombre cantan a dúo acerca del desamor y la fragilidad emocional. El responsable de este sonido imitado ya hasta el cansancio es Jamie Smith, mejor conocido como Jamie xx, quien ha sido llamado por artistas de la talla de Florence + the Machine, Glasser, Adele y Radiohead para que haga remixes de sus temas con la inclusión de dicha estética sónica. Si esto es lo que causa la atracción de los fans hacia este melancólico trío, buenas noticias: el álbum solista de Jamie xx es como una master class en el estilo. Y qué excelente clase.

Como acierto principal, lo que Jamie hace es adaptar las atmósferas titánicas, instrumentación mínima y acordes siniestros a las pistas de baile, en vez de apegarse a las baladas lentas y contemplativas que acostumbra a producir con su grupo base. La revuelta empieza con "Gosh", una especie de porra de estadio con gruñidos, aplausos, bloques de madera y sus sintetizadores envolviendo como listón caleidoscópico. "Sleep Sound" se tranquiliza un poco para que sacudamos los pies luego de tanto brincar, para luego traer a Romy Madley Croft (vocalista femenina de The xx) en "Seesaw", donde su voz apenas se percibe en medio del estruendoso ritmo que pone Jamie - cosa que no queda nada mal. 

"Obvs" utiliza un tambor metálico típicamente usado en música de playa y lo convierte en percusión tétrica y fascinante para una serie de beats insistentes. "Stranger in a Room" invita a Oliver Sim (vocalista masculino de The xx) para que use sus tonos graves y pinte de melancolía el track; más operático y menos susurrado que en los discos previos. El trío de canciones que cierra el álbum, empezando con "I Know There's Gonna Be (Good Times)" y concluyendo con "Girl" le vuelve a dar el toque soul a la ocasión, sacando a la luz las influencias afroamericanas que son la cruz de la parroquia del joven productor.

La portada lo dice todo: si con su proyecto principal utiliza matices monocromáticos para sus paisajes sonoros, en éste disco se vale de un espectro cromático mucho más variado. Deja de lloriquear y deprimirte; ahora toca el baile eufórico y de cachetito.