Simon Pegg protagoniza esta inspiradora historia basada en el libro del mismo nombre del escritor francés Francois Lelord. Pegg, a quien nos da gusto ver en un papel diferente, da vida a Héctor, un siquiatra muy peculiar que a sus treinta y tantos años, se encuentra atrapado en la monotonía de su vida y en el fracaso de no hacer felices a sus pacientes.

Mientras conocemos a su personaje, nos damos cuenta de que es un hombre que disfruta del control por sobre todas las cosas (incluso su pareja cumple con esta misma cualidad), y que mientras no se rompa el orden en su controlada vida, todo se encuentra bien. ¿Nos identificamos? Claro que sí. Héctor vive su rutina temiéndole al cambio y a tomar decisiones importantes.

Fanático de Tintín y sus aventuras (y por ende soñador), Héctor siente que algo le falta a su vida y se muestra como un hombre experto en contener sus emociones, por lo que nunca se ha sentido verdaderamente vivo. Con la evolución de la historia, Héctor se da cuenta que esta característica es parte de lo que le impide ser un buen siquiatra; la falta de empatía con sus pacientes traza una línea gruesa y difícil de atravesar.

Así, Héctor decide romper con su vida engañosa como médico (en la que no puede ayudar a sus pacientes) y finalmente tira por la borda su rutina. Armado de coraje y curiosidad casi infantil, empaca sus cosas y fácilmente se embarca en una búsqueda global con la esperanza de descubrir la fórmula secreta para alcanzar la verdadera felicidad. Aquí nos preguntamos, ¿es cuestión sólo de valor poder agarrar todas tus cosas e irte por tiempo indeterminado a viajar alrededor del mundo? Habrá afortunados que puedan costearlo, y pensamos que Héctor lo es. Este momento dicta el inicio de una aventura que arranca desde Londres, hasta China, pasando por África, y terminando en Estados Unidos.

 

 

Héctor y la búsqueda de la felicidad se siente como un género "Walter Mitty-esco" que resulta inspirador para casi cualquiera. Sin embargo, parte de este objetivo de motivación se pierde cuando abordas temas tan subjetivos y complejos como la simple felicidad.

Pero, ¿cómo es que la felicidad puede ser compleja? Hay muchos temas que se abren y nunca se cierran. Durante su viaje, Héctor se da cuenta (entre muchas otras cosas) que el dinero sí puede comprar la felicidad, que la felicidad es tener la libertad de amar a dos mujeres al mismo tiempo, y que evitar la infelicidad no es el camino hacia la felicidad. Todos estos, tópicos que bien podrían coexistir de manera independiente en tres películas diferentes.

Sus viajes carecen de ese toque que te hace querer estar allí; realmente vemos muy poco de los países que visita y de sus paisajes, y todo se resume a las personas que conoce en estos lugares (algunas de ellas bien podrían no existir). Y entonces nos preguntamos, ¿era necesario viajar tan lejos en busca de la felicidad?

La relación a distancia que mantiene con su novia se vuelve reveladora y obligan a Héctor a mirar en su interior, y a poner en práctica todos los aprendizajes de la gente en su travesía. ¿No es esto lo que todos deberíamos de hacer, en cuestión?

Foto: telegraph.uk

 

 

La historia de Héctor es narrada de un modo juguetón que mezcla ilustraciones infantiles que se sienten como un respiro durante la película, y finalmente sentimos empatía por el personaje de Pegg, quien a lo largo de la cinta lleva anotaciones de sus descubrimientos alrededor de la felicidad. Éstas, valen la pena, y mucho.

Tal vez quieras llevar un cuaderno al cine y anotar las importantes lecciones que verás en la película, y de paso, sentirte un poquito más feliz.

Stuff says... 

Héctor y el secreto de la felicidad reseña

Nuestras vidas son aceleradas y pocas veces tenemos oportunidad de detenernos a analizar nuestra propia felicidad (o la falta de ella). Héctor y la búsqueda de la felicidad nos hace imaginar y fantasear con las maneras en que podemos ser felices. Misión cumplida si lo que buscas es motivación.
Good Stuff 
Inspiradora
Buen elenco y actuaciones
Bad Stuff 
Final muy predecible
No termina de ser una buena comedia